lunes, 26 de noviembre de 2012

Creer.

Creo que te echo de menos. No sé si es verdad o no, debido a que ahora mi cabeza es un puto manicomio. Pero cada vez que recuerdo esa noche que pasé contigo, me dan ganas de llorar. Aquella noche que probé lo prohibido. Siento que todo esto haya acabado así, de verdad. ¿Qué coño nos pasó? Me gustaría saberlo. Antes necesitabas de mi sonrisa para respirar, y ahora, parece que no existo para ti. ¿Qué ocurre? ¿Qué ha cambiado? No quería engañarte. Sabía que a la larga te haría más daño. Pero ahora me gustaría haberte engañado. 
Así al menos, seguirías a mi lado.
Pero no. Te fuiste, y parece que no vas a volver. Y no sé si yo seré lo suficientemente fuerte para decirte todo lo que siento. Porque no soy así. Pero te necesito. Te necesito. Aquí. Ahora. ¿Dónde estás?

Temerario.
XVII.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Nadie.

No vengo aquí a agradar a nadie. No vengo aquí a haceros reír ni tampoco a haceros llorar. Simplemente vengo a desahogarme de todo y de todos. No puedo más últimamente con la situación. Son demasiadas cosas. Demasiadas razones para llorar y muy pocas para sonreír. Por eso, antes que llorar, prefiero escribir. Necesito una válvula de escape. Una salida a todo. Porque no es fácil vivir en un mundo en el que te critican hagas lo que hagas. Respires o no respires. A la gente ya no le importa eso. Ahora la gente lo único que quiere es hacer daño. Ahora la gente lo que quieres es ver lágrimas ajenas para ocultar las suyas propias.
Por eso estoy aquí, para no darles el placer de ver las lágrimas.

Temerario. 
XVII.